Ilustración: Lázaro Silva
Escrito por: Aitana Gil

—Permiso. 

—Pasá, pasá. Sentate. ¿Cómo estás?

—Bien, bien, ¿usted?

—Muy bien, por suerte. 

»Contame, ¿cómo te estás sintiendo con el puesto?

—Bien, lo estoy disfrutando. Las comisiones especialmente —intentó bromear para disipar los nervios.

—¡Nos dimos cuenta! Hace años que no vemos números así en lo que es recolección de almas —el elogio hizo que comenzara a relajarse—. Contame un poco sobre cómo han sido estos meses.

—Al principio pensé que iba a ser difícil, que la gente iba a rogar, llorar. A ver, algunos lo hacen, pero la mayoría se sorprende. Creo que los desacomoda ver a un tipo en pantalón y camisa, un burócrata. Estamos tan hechos a la imagen de la capa negra y la oz… no, ¿cómo se llama esto? La… la… ¡GUADAÑA! Eso, estamos tan hechos a la guadaña que no me esperan a mí —la risa de la Jefa terminó de relajarlo, animándolo a continuar—. Algunos me preguntan qué viene después y cosas así. En general, se lo toman bastante bien, responden las preguntas para el formulario y se van.

—Bueno, me alegra escuchar que te estás sintiendo cómodo. Nosotros estamos muy satisfechos con tu trabajo, la verdad —la Jefa comenzó a jugar con la lapicera, haciéndole sentir que no estaban tan satisfechos—. Pero hay un par de cositas en las que tenemos que trabajar: la primera es algo que mencionaste, te vamos a pedir que sigas el speech aprobado por la compañía cuando preguntan qué viene después. Nos han llegado algunas quejas del departamento por gente que dice que le prometieron algo distinto.

»Ya sé, ya sé —interrumpió cuando vio que comenzaba a formar una respuesta—. Sabemos que la gente viene con sus creencias y no sos vos el que hace promesas, pero por eso mismo está el speech, ¿sí? Te ayuda a vos y nos ayuda a nosotros.

»Lo segundo es que necesitamos que diversifiques las zonas de recolección. Sabemos que algunas almas son más sencillas, pero tenemos que ser justos, ¿no? Tené cuidado con eso, por favor. 

»Si arreglamos esas dos cositas, vas a ver que todo va a funcionar maravilloso. 

Asintió con una amable sonrisa, sabiendo que no iba a decir el speech de mierda que le habían dado. Pero siempre se podía arreglar que un empresario gordo tuviera un infarto.

—Bueno, lo voy a tener en cuenta. Muchas gracias —contestó con una sonrisa, imitando a la Jefa y levantándose de la silla.

—Gracias a vos, estamos muy contentos con tu desempeño —repitió la Jefa antes de extenderle la mano.

Luego de estrechar manos y despedirse, decidió que se merecía un almuerzo en el restaurante caro que tanto le gustaba y dejó la oficina, satisfecho.

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