Ilustración: Nancy Lanusse
Escrito por: Sebastián Carvalho
A la memoria del Barrio Villa Dolores
Los hospitales son espacios donde se ven condensadas prácticas sociales que pueden tener varias finalidades, entre ellas, el disciplinamiento y la construcción de consensos. Entra en juego la construcción y normalización de roles y jerarquías sociales. En estas breves líneas vamos a lanzar algunos apuntes respecto a la historia del Hospital Fermín Ferreira en relación con la influencia del higienismo y la construcción de ciudadanía. En particular, implica ver a este hospital como centro de sociabilidad y no solo como un lugar de salud. Este podía ser el escenario en el que se representaran enfrentamientos políticos y en el que se plasmaran diversos proyectos que buscaran incidir en los vínculos sociales y culturales.
El Hospital Fermín Ferreira funcionó en el barrio Buceo —aunque su influencia abarcaba los barrios circundantes, como Villa Dolores, Pocitos Nuevo o La Mondiola, y Parque Batlle—, primero como Casa de Aislamiento entre 1891 y 1914, y luego bajo su denominación como tal hasta mediados de la década de 1960. Estaba especializado en la atención de enfermos de lepra y tuberculosis.(1) Desde el establecimiento del lazareto de variolosos en 1891, el Hospital creció acompañando episodios de crisis de salud, como la epidemia de cólera de 1895. Puede decirse que era bastante atípico para su época, pues además de tener espacios creados para alojar a pacientes y empleados, pensados para su estadía y tratamiento, también contaba con una quinta y amplios jardines.(2)
Esto también se vinculaba con las concepciones médicas en boga que consideraban que las enfermedades se transmitían por “malos olores” y que disponer de ambientes naturales y aireados era fundamental para lograr la recuperación. El desarrollo urbano de Montevideo, siguiendo las pautas del modernismo iniciado en Austria, siguió entusiastamente estos postulados, con la creación de nuevos barrios jardines —como La Floresta en las inmediaciones de Sayago, o Villa Colón— para aquellos que querían evitar las epidemias, aunque no fuera la única razón para su crecimiento. En la Guerra Civil de 1904, el Fermín Ferreira recibió a los enfermos habituales del Hospital Maciel, ya que este fue centro de tratamiento de los heridos de la guerra.(3)
Durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordoñez se dio un gran impulso a la creación de centros de salud. Por ley de 1910 se había creado la Asistencia Pública Nacional, que se volvió instrumento clave en el proceso de secularización que inició Batlle luego de asumir la presidencia en 1911. En abril de 1914 se inauguraron nuevos pabellones en el Fermín Ferreira, que tenían por destino descongestionar el Hospital Maciel.(4) Las políticas en torno a la salud se manifestaban, por ejemplo, en la construcción de plazas de deportes, así como el ámbito educativo como elemento clave. En el caso del Hospital Fermín Ferreira, aunque no sabemos si fueron creaciones del batllismo o si existían con anterioridad, este disponía de un “teatro al aire libre y escuelas para niños y mujeres y para el personal de servicio”.(5) Vemos que había una intención desde el Estado de crear una conciencia cívica común que incluyera a los funcionarios del propio hospital. Esto no es menor, siendo encarnación del aparato estatal ante los usuarios del hospital.
Lo anterior iba de la mano con un período marcado por propuestas de reforma social, en particular desde filas batllistas. En este clima, la salud física —y la mental— era una manifestación de un orden social que debía funcionar de forma armoniosa. Por tanto, las luchas en procura de mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población también tenían asidero en los asépticos centros de salud. En 1914, el médico batllista José Scosería sostuvo:
la lucha antituberculosa […] es una lucha social […], un conflicto entre el interés general e intereses particulares: es la lucha de los obreros contra el patrón exigiendo menos horas de trabajo, más higiene en el taller y mejor salario […] de una parte de la nación mal nutrida, mal alojada, miserable, contra otra parte del país más feliz: la lucha de los que nada tienen y nada pueden contra los que todo lo tienen y todo lo pueden, la eterna rebelión de los esclavos contra los amos. (5)
Si tomamos el período de 1908 a 1912, vemos que efectivamente el Hospital Fermín Ferreira recibió mayormente a jornaleros y a mujeres vinculadas con los “quehaceres domésticos”. Debemos tener precaución a la hora de leer los testimonios y creer que el batllismo podía tener una vinculación privilegiada con los sectores populares. En el campo de las izquierdas, tenemos al anarquismo como exponente de una posición crítica. En febrero de 1933 tuvo lugar una huelga de enfermos, catalogada por La Tierra como “revolucionaria”. El relato dio cuenta de que “recorrieron las calles céntricas de Montevideo ostentando carteles que decían: ‘Nos morimos de hambre’ o ‘Abajo el Concejo de Salud Pública’”. La marcha que emprendieron los enfermos incluyó la toma de tranvías, concluyendo con un campamento en el Parque de los Aliados (actual Parque Batlle).(7) El hospital como lugar en que se desarrollaba una disciplinamiento social también llegó a ser objeto de denuncias de actos de violencia física. En 1917 se afirmaba que podían observarse “señales de tortura” en pacientes de distintos pabellones.(8)
El terrismo dio un nuevo perfil a las políticas sociales. Dentro del Ministerio de Salud Pública se creó la Acción Cultural en Hospitales y Asilos (ACHA) que creó bibliotecas públicas y llevó a cabo actuaciones artísticas, entre otras acciones en centros de salud. En el Fermín Ferreira establecieron una biblioteca que llegó a contar con miles de volúmenes y en el pabellón 14 colocaron una radio. El Hospital también podía ser un espacio para el consumo de cultura. En el Fermín Ferreira, la presentación de conjuntos carnavaleros era la tónica durante los veranos.(9) También se presentaron cantantes, como Carlos Gardel o Hugo del Carril.
En definitiva, el Hospital Fermín Ferreira era un espacio disputado. Su definición y carácter como centro de salud no admitía una única visión. Sectores políticos y grupos sociales llevaron sus discrepancias. Pero esto no hace olvidar que también cumplió un rol fundamental como centro de sociabilidad de pacientes, de los familiares de estos y de quienes trabajaban para la institución. Sus espacios verdes fueron parte de la vida de los barrios circundantes. La importancia como lugar de memoria lo podemos detectar en la publicación que la escuela Paraguay del barrio Villa Dolores realizó en la década de 1990 para conmemorar la memoria local. En esa publicación el Hospital mereció un apartado especial. Era, por tanto, un lugar de reunión y construcción de la identidad.
(1) PONS, Nora: Apuntes de ayer. Hospitales y hospitalidad, Montevideo, Editorial Dos Puntos, 1997, p. 55.
(2) Ver ANP (Dirección General): La Asistencia Pública Nacional, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1913, p. 136 y 141.
(3) Augusto Soiza Larroza: “La asistencia médico quirúrgica en la guerra civil uruguaya de 1904”, Salud Militar, vol. 26, N. 1, julio de 2004, p. 76.
(4) Ver El Siglo, año LI, N. 14.878, 15 de abril de 1914, p. 5.
(5) ANP (Dirección General): La Asistencia Pública Nacional, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1913, p. 137.
(6) José Scosería, exposición en La Tuberculosis, órgano de la Liga Uruguaya contra la tuberculosis, enero-abril de 1914, p. 22. Citado por José Pedro Barrán: Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos. Tomo 3: La invención del cuerpo, Montevideo, EBO, 1995, p. 198.
(7) “Huelga de enfermos”, La Tierra, periódico anarquista, año XII, N. 289, Salto, 1 de febrero de 1933, p. 2.
(8) “Las fechorías de las esposas de Jesús. En el Buen Pastor”, El hombre, semanario anarquista, año I, N. 24, 7 de abril de 1917, p. 3.
(9) Ver: La Mañana, año XIII, N. 4604, 4 de marzo de 1930, p. 6.








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