Julio Inverso – Selección

Ilustración: (Rojoycarpintero)
Escrito por: Julio Inverso

Introducción por Mauro Solé

En una entrevista, Julio Inverso (1963-1999) expresa que su poesía es producto de un estado de ánimo alegre. Tal vez haya sido el último poeta maldito que tuvo el Uruguay: sus textos son el reflejo de una sensibilidad herida por las escaramuzas del tiempo. Su poesía fue una herramienta para hacer más sobrellevable la vida, un arma con la que nombrar, pero también un “juego malogrado” con “olor irrefutable de precipicio”. Estos textos que seleccionamos buscan evocar, en la medida de lo posible, quién fue Julio Inverso. Sabemos que no será suficiente; por eso invitamos a quienes no se satisfagan a continuar leyendo a este gran poeta.


Julio Inverso – Selección

 Los niños en el trigal (Nombre del poema suelto)

en un lugar extraño
en una carretera perdida
los niños del trigal
son una tribu de trasgos
hasta que a los 10 años
cruzan la carretera 
a morir en lagos
que tienen el hábito de azogue de los espejos
vienen con la plenitud de los 
astros y el estigma
para que las fantasías jamás declinen
beben la poción
en el trigal no hay posesione
ni celdas
la única medicina es el exorcismo
pero los males son raros
como el tiempo
el culto se rinde a diario
hacia el espantapájaros
la célula fotoeléctrica de su ojo
los niños dejan duraznos grises
y libros sagrados a los pies del protector
parecen la evasión 
la rebeldía
de la barbarie molecular
de las grandes ciudades
donde se suena mal
música trizada de guerra
en los altoparlantes
vicio del gas
del demonio ginebra
los niños del trigal
en trance benéfico
especulan la eyección de fuego
de los girasoles
las niñas llevan
coronitas de papel de maní
los varones
carqueja
lengua de menta
y laurel
su imaginación virtuosa
conoce los caballos rampantes 
las colinas onduladas
el mercurio
todas las cosas
que el antiquísimo mar
puede cargar en sus espaldas
sus palabras
que llevan un silencio de azafrán
se dicen al oído
y jamás tienen la rudeza
de las que previamente han sido masticadas
nadie los ha visto 
pero son parte de la mística y del imposible 
hijos de las estrellas
ellos han construido su reino
donde cada nube simboliza algo 
ahora
capaces de una magia
de la que no se jactan
llevan la memoria
principal
y lúdica
del lento transcurso de la dicha
han establecido ese límite de vida 
porque el reverso de la fantasía
del juego
del sueño 
es el miedo que empiezan a abrigar
el cansancio 
o quizás la lucidez 
entonces abandonan el trigal 
mientras las escarapelas 
de sus sienes
sangran en las espigas de oro
huyen y presienten el final
ya van fumando el cigarrillo
subiéndose las solapas del gabán
pensando en amores
en borracheras
y toman el último tranvía 
acribillado por las agujas de la lluvia 

La poesía es juego malogrado (Nombre del poema suelto)

la poesía es juego malogrado
montaje gigante de la soledad
olor irrefutable de precipicio

Cuento con poeta y princesa (Nombre del poema suelto)

El rey tenía al poeta en cautiverio en uno de los aposentos del palacio. Le había encomendado una misión: que compusiese una oda para acabar con la guerra en el Reino. El poeta ensayó todas las formas de su arte, pero ninguna de sus odas lo complacía. Una ventana muy amplia y adornada suntuosamente, como toda la recámara, limitaba con los jardines. Más allá, casi tocando el cielo, los bosques y las montañas parecían ya, en su majestuosidad, el dibujo de un sueño que se sueña con fervor.

Cierto día, mientras se distraía en la contemplación del paisaje, el poeta vio una figura angelical que deambulaba como un fantasma por los senderos del jardín. Inmediatamente escribió el poema, que constaba de una frase solamente. Sin embargo, no importándole la recompensa que el rey le había prometido, el poeta no entregó el papel y esperó hasta el día siguiente, ansioso por que aquella visión celestial se repitiera. Y la blanca figura volvió a aparecer en los jardines. El poeta en su locura ni siquiera había reparado en que una cerrada custodia guardaba los pasos de la dama, que no era otra que la hija del rey.

Más tarde, pidió a los guardias que abrieran la puerta pues había concluido su trabajo. Se presentó ante el rey y entregó el poema. Uno de los consejeros lo leyó en voz alta. Decía:

– “Claudicad, pues en el palacio hay un ángel”

– El poema no sirve –dijo otro consejero– Los bárbaros quieren a la princesa. Ese es precisamente el motivo de esta guerra. Vuelve a tu lugar y continúa tu trabajo. 

El rey inclinó la cabeza con un gesto de aprobación.

– Nuestros ejércitos están diezmados –dijo el rey– Apresúrate. Cuando te traje aquí todos me dijeron que eras el mejor poeta del reino. ¿Acaso esta fruslería es lo que puedes hacer? Te doy un plazo de una semana. Si no logras escribir una declaración serás ejecutado. ¡Vete! 

El poeta no durmió esa noche. Por la mañana se extasió viendo a la princesa en el jardín. Aplazó su trabajo un día, dos días. Y en ese tiempo la princesa no salía al jardín. Él no entendía porqué ocurría esto y escribió una fuerte diatriba contra el enemigo y decenas, cientos, miles de poemas para la princesa. Al séptimo día llovía. El poeta corrió las cortinas y en la penumbra los estucos, las molduras, el mobiliario le parecieron tan fútiles como su vida. Consideró su vida de trovador y pensó en lo injusto de su destino. El rostro de la princesa, orlado por una luz espectral se le presentó cruelmente. 

Entonces se dio muerte, ahorcándose. Poco después el rey y los consejeros accedieron a su habitación y vieron aquel atroz espectáculo. No obstante, al examinar la declaración que había escrito, decidieron enviarla al enemigo y la guerra terminó de inmediato. Dicen que los poemas que el poeta había escrito para la princesa eran tan hermosos que el rey ordenó que los quemaran para que ella nunca supiera de un amor tan ideal siendo apenas una adolescente.

Papeles de un poseído (Nombre de la novela)

139 (Capítulo) 

Siempre ocurre esto o algo parecido en la vida de un hombre: te quedás solo. Te ponés viejo y loco. Todos mis amigos la estaban luchando por su lado. Muchos ya tenían sus vidas hechas y yo andaba solo, solo a pesar mío. Últimamente, no había tenido más relaciones ocasionales con mujeres. No había tenido la suerte de encontrar una compañera incondicional. Y había empezado a pasarme algo que pronto identifiqué como un síntoma de senilidad: cuando me acostaba a dormir no podía pegar ojo y empezaba a rememorar cosas muy lejanas de mi existencia, cosas que nunca pensé que volverían a mi mente. Buscaba un refugio en el pasado.

El diario de un agonizante (Nombre del libro)

XXV (Capítulo) 

EL MAR ESTÁ EN NUESTROS HUESOS

RECORDANDO UNA CANCIÓN TRISTE Y HERMOSA 

QUE PONE TEMBLOR EN NUESTRA SANGRE

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