Julia Zulema Rodríguez – Poemas seleccionados

Ilustración: (Gerardo López)
Escrito por: Julia Zulema Rodríguez, circa 1980.

Introducción por Eva Carrión

Julia Zulema Rodríguez (1911-1996) nacida y criada en Capurro, entre los pasillos de la escuela del barrio, donde su madre trabajaba como auxiliar de servicio. Así relatado por su hija menor, Graciela, Zulema empezó a escribir luego del fallecimiento de su marido, a sus cuarenta y nueve años, y desde entonces nunca se detuvo. Como legado, dejó a su familia numerosos cuadernos escritos en una cuidadosa cursiva, y el recuerdo de servilletas con frases dibujadas, de conversaciones interrumpidas por la súbita irrupción de un verso que debía ser registrado. Esta publicación es una breve selección de su poesía, realizada en conjunto por su hija menor y una de sus bisnietas: otra forma de acercarnos a su recuerdo, de volver a sentarnos en la mesa del comedor.


Julia Zulema Rodríguez – Poemas seleccionados

Soy dueña del mundo.

Yo no tengo nada,
nada que pueda
el dinero comprar.
Y lo tengo todo,
todo que pueda
mi vida soñar.
Todas las bellezas
que Dios nos a dado
y que con el alma
se pueden mirar:
¡Mi vida está llena
de tantas riquezas!
Riquezas que nadie
me puede robar.
¡Tengo una familia encantadora!
¡Tengo una ventana frente al mar!
¿Qué más puedo pedirle a la vida?
¿Qué más puede mi alma ambicionar?
Que tener una familia encantadora,
y tener una ventana frente al mar.

I.

Tú, ya no estabas
y en un loco laberinto te buscaba,
y en el hueco de mis manos
encontraba tus caricias
pero tú, tú ya no estabas,
para siempre, ya no estabas.
Pero hoy, que a vuelto,
la razón a mi razón,
hoy si, te encuentro,
en el hueco de mis dulces soledades,
en el agua silenciosa de la fuente,
y en la plácida tristeza de la tarde
que la noche va borrando suavemente.
Te fuistes, pero estás,
estás, porque te encuentro.

II.

¡Alegría de nidos cantores, 
las notas más dulces la lira le dio!
Misterioso susurro en la brisa
que deleita el alma e invita al amor.
¡Alegría de verde en los prados
los tomos más bellos natura eligió!
Milagroso perfume de rosas,
que le pone alas a nuestra ilusión…

III.

Las huellas de tus pasos quedaron en mi vida
nada las pudo borrar
¡transitamos juntos muchos… muchos años!
¡Fructíferos años!
Y hoy que ya no estás…
¡Las mismas raíces siguen dando frutos!
Que llenan mi vida
y me dan amor y felicidad.

Pero tú no estás
Si pudiera ser, que entre las nubes
doradas del tiempo, te volviera a ver…

¡Si pudiera ser!

Vivir

Se cerraron mis párpados
húmedos y cansados,
la magia de la noche
afloja mi tensión
y quita de mi frente
desflecada corona
y saca de mi alforja 
cansado diapasón.

De nuevo la trompeta
sonará en la mañana
y el imperioso momo
hará sonar el gong.
¡Colocaré en mi frente
una nueva corona
y saltaré a la calle!
Empieza otra función.

Los gritos del silencio

Son gritos de dolor, que escapan del silencio.
¡Y están…! Los que sufren, con hambre y con frío.
Que en su búsqueda esteril, perdieron la esperanza.
Y habitan en tugurios, con jirones de sueños destruidos
ya no piden nada, se entregan al destino
son parias, que viven a orilla del camino.
¡Y están…! Los niños, de mirada triste, 
y accionar violento,
la mirada: es el reflejo de su alma
la violencia: es la escuela de la calle
y en la calle: es donde encuentran alimento,
buscando en los tachos de basura, deshechos de comida.
Y para nuestra angustia, esto es lo que vemos diariamente.
¡Esto… esto y mucho más!
¡Son los gritos pavorosos del silencio!
Y yo: en la desesperación de mi impotencia ¡grito!
¡Socorro por favor! Alguien que ayude.
-A quien corresponda: que busquen,
en el diccionario de idioma castellano,
las palabras están, no las cambiaron,
e ellas son: igualdad – justicia- compasión-
pero primero, busquen la palabra amor
para poder interpretar las demás.
  Ayuden por favor.

Sola no puedo
Gracias.

Picaporte

La puerta cierra la casa
y el picaporte la puerta,
no seas tan receloso
picaporte de mi puerta.

Para qué te quiero celoso guardián
si oigo con tristeza suplicar la puerta 
para que la dejes un poquito abierta.
¡Ver pasar la brisa tan suave, tan loca
que con unas briznas se hizo una toca;
y baila entonando perfumadas notas!
¡Qué suave, qué dulce, qué loca!
Y cómo solloza mi cobarde puerta
para que la dejes un poquito abierta!
No te necesito, celoso guardián
¡Que entre la tormenta!
¡Que entre el vendaval!
Que entre perfumado
con sus dulces notas
la brisa tan suave
tan dulce, tan loca:
¡Que llenen la casa coloridas hojas:
que llenen la casa, perfumes y notas!
¡No te necesito, celoso guardián,
yo quiero mi puerta, mi sensible puerta:
de abrir, nada más!

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