Sobre lo arrebatado –  Entrevista a Lourdes Galli

Ilustración: (Julieta Banchero)
Escrito por: Leandro Lereté y Francisco Peña

En el marco del Mes de la Memoria, decidimos llevar a cabo una entrevista a Lourdes Galli, hija de un detenido durante la dictadura. Lourdes nos contó su experiencia, y lo que tuvo que vivir junto a su madre y sus hermanos a partir del 28 de mayo de 1972, día en que su padre fue detenido. Desde entonces, su vida cambió drásticamente: su vínculo con los amigos, la convivencia familiar e incluso su rutina escolar se vieron profundamente sacudidos. Creemos que este testimonio nos permite asomarnos a varias infancias marcadas por ese período. 

Transcripción de entrevista a Lourdes Galli

  • ¿Nos podés presentar a tu padre?
  • Mi padre era mecánico de autos, tenía un taller en la calle Frugoni, en frente a Welcome. Y poco tiempo antes de que cayera preso, había abierto un segundo taller cerca de 21 de septiembre. Ese segundo taller duró muy poco porque ahí había guardado material de la organización. Mi padre en ese momento pertenecía al MLN.
  • ¿De qué fecha estamos hablando?
  • Yo era chica cuando tenía el taller. Él cayó preso el 28 de mayo del 72, y ese segundo taller lo había abierto un par de meses antes. Se ve que ese segundo taller tenía otra finalidad: preparar coches para la organización, guardar material, todas esas cosas. Él tenía 5 hermanos. Una de las hermanas y su madre eran pachequistas, nunca lo fueron a visitar, nunca hablaron con él. Ahí se pudrió todo.
  • ¿En qué año nació tu padre?
  • En octubre de 1935, tenía 36 años cuando se lo llevaron.
  • ¿De qué forma integraba el MLN?
  • Él participaba en algunas acciones. Él lo que hacía era reparar vehículos y transportar. Por supuesto, mi madre, ni nadie, teníamos la menor idea de nada. Excepto mi padrino, que si bien no integraba el MLN, daba una mano en algunas cuestiones de logística. Vivía acá en Montevideo, pero era del interior y los padres tenían una estancia y allí protegió gente; además, conseguía documentación para poder sacar gente del país. Pero como que estaban todos muy “parcelados”. Ellos tenían unas normas estrictas: cuando llevaban a un integrante a la casa, el resto —excepto el que manejaba— iba con los ojos tapados. Uno de los integrantes, el hermano de Sonia Brescia, vio en uno de los viajes la dirección. Cuando cae preso, lo torturan y ahí da el nombre de mi padre y la dirección. Y es así que después lo van a buscar a mi casa. Estábamos todos. Somos tres hermanos y además estaban tres primas mías en casa. Suena el timbre y aparecen los militares armados, se lo llevan encapuchado, le dicen a mi madre —que no estaba al tanto de nada— que se lo van a llevar, que no salga al balcón a mirar. Ella desobedece, sale y ve que lo tiran adentro de una camioneta y se lo llevan. 
  • ¿Qué hicieron después de eso?
  • Bueno, nosotros éramos niños. Yo tenía ocho años, Pablo, mi herman, tenía siete, y mi otro hermano, Fito, tenía dos. Tengo el recuerdo de que vino una vecina a casa; también recuerdo que yo lloraba mucho. En mi casa había un piano, y arriba de ese piano estaba el disco de Viglietti Canciones chuecas —ese disco estaba prohibido—. En mi cabeza pensaba que se lo estaban llevando porque teníamos ese disco. Años después tuve la oportunidad de comentárselo a Daniel. Vinieron algunos vecinos, en ese momento había mucho miedo. Había de todo. Mucho miedo porque podías quedar regalado.
    Después mi madre empezó a esperar a ver qué pasaba. Después vino el milico y le trajo no sé qué. De esa noche no tengo más recuerdos. Después apareció la hermana de él —la pachequista— y dijo que cortaba relación; dijo que si mi padre hubiese sido un delincuente, ella lo hubiera apoyado, pero que en esta situación no lo apoyaba. Además de la situación familiar que se generó, en ese momento mi madre no trabajaba. El único ingreso que teníamos era el de mi padre con el taller mecánico. Entonces se dio una situación bastante difícil en términos generales.
    Mi padrino, los primeros días, no podía ir a mi casa, porque él también, si bien no formaba parte de la organización, estaba involucrado. Después, con el paso de los días, apareció y fue el que ayudó mucho a mi madre con todas las vueltas, —inclusive en ir a ver los talleres, que los habían hecho pelota, se robaron todo, porque eran así—. Y eso que estamos hablando del año 72, que todavía no era dictadura. A su vez, el padrino de Fito era abogado, no tenía nada que ver con estas actividades, pero fue el que tomó su defensa. Inicialmente, le dieron 30 años de cárcel. Mi madre se entera por los comunicados de su condena; casi enloquece. Habla con el abogado y bueno, todavía estaba esa justicia mezclada.
    En esa situación horrible, a nosotros nos dicen que había ido a trabajar a la estancia de mi padrino, que había ido a arreglar las máquinas del campo. Eso fue al principio; nadie sabía cómo iba a seguir la cosa, si lo iban a soltar o no, si iba a aparecer. Finalmente, localizan que está en un cuartel, no me acuerdo cuál es. Mi madre se enteró de que estaba Marcelo Vignar, que fue un psicoanalista muy famoso, que lo largan enseguida. Mi madre lo va a ver y él le propone si no quiere que la atienda. Mi madre se termina atendiendo con él hasta que él se tiene que ir del país.
    Mi madre es católica; es importante porque ella, en ese momento, iba a la Parroquia de María Auxiliadora, la que está en Canelones y Salterain, y la gente de esa parroquia era bastante conservadora, pero, a pesar de eso, nos mantuvieron económicamente. Hacían una colecta todos los meses y, con eso, nosotros sobrevivimos. Había uno que era de esa parroquia que vivía en Durazno, y mandaba todos los meses una caja con carne. Así sobrevivimos, gracias al apoyo económico de toda esa gente.
    Por otro lado, le dijeron a mi madre que los capuchinos, que están entre Magallanes y Minas, tenían un cura argentino que era un poco más “progre”. Mi madre fue a contarle la situación, y desde ese entonces el cura vino todos los días a casa, a ayudarnos con los deberes, a cenar, a acompañar. Luego lo sacan y lo mandan para Argentina. Pero ahí se generó otro grupo de apoyo, no económico sino afectivo. Nunca pasamos un fin de semana solos. En una de las reuniones que se hacían en la parroquia, mi madre vio a uno de los militares que fueron a casa a buscar a mi padre y se lo dijo al cura. Después, el tipo desapareció de la parroquia.
  • ¿Nos podés contar cómo era el régimen de visitas?
  • Él cae en mayo; en octubre era su cumpleaños. Con el abogado se había coordinado para que fuera yo con uno de mis hermanos —el más chico no— a un cuartel, que no me acuerdo dónde es, de lo único que me acuerdo es del piso. Cuando llegamos, nos dijeron que lo habían trasladado al Penal de Libertad y no lo vimos. Recién lo vimos en diciembre de ese año. El régimen de visitas de los niños era de una vez al mes. Te llevaba todo el día, porque teníamos que tomar un ómnibus de Cita que salía a las cinco de la mañana, y después tenías que caminar. A veces alguien nos llevaba en camioneta. Cuando llegabas al lugar, te hacían esperar. Y pasaban a los niños a dos espacios: uno al aire libre, otro más cerrado. A veces teníamos que verlo a través de un vidrio. Pero siempre el niño solo, con la madre no.
    Nosotros éramos chicos, pero sabíamos reconocerlo, habíamos convivido. Pero había otros chicos que prácticamente no lo conocían. Recuerdo que uno lloraba prácticamente todas las visitas. Las que llevaban a los niños eran militares mujeres. Había una que se llamaba Amanda, que era mala, malísima. Cualquier niño que la haya conocido la va a recordar, porque era muy mala.
    Cuando venían los padres era difícil identificarlos. Venían todos iguales, con un uniforme gris que tenía un número y una etiqueta de color, que tenía que ver con el piso en el que estaban. Tenían que caminar con la cabeza hacia abajo y las manos atrás. Cuando venían, vos tenías que ver quién de esa fila era tu padre. Hasta que no les decían que podían mover las manos, no las movían. No te podían tocar. Me acuerdo que la hija de uno de los detenidos, cuando estábamos en la zona previa a la visita, ella siempre jugaba a que se ponía una cartera y decía: “Voy a hablar con el abogado”. Esa era la vida de los niños en ese momento, lo que veían de los adultos.
    Además, es muy fuerte para un adulto decirle a un niño que el padre estaba preso, porque para un niño, si alguien está preso es porque hizo algo mal, robó, mató. Es muy difícil para un niño entender los motivos. Vos tampoco podías decirlo; en la escuela yo no podía hablar del tema. Mi madre siempre iba a hablar con las maestras para explicar la situación. Los días de visita decíamos que teníamos que ir al dentista. Arrancábamos a las cinco de la mañana y capaz que terminábamos a las siete de la tarde.
    Le podíamos llevar algunas cosas, como tabaco, pero no comida elaborada. Nunca sabíamos si eso terminaba llegando o no, porque se robaban la mitad de las cosas —los militares—. Para los presos también era muy duro. Yo siempre le preguntaba cuándo iba a volver a casa. Me decía: “Pronto, no falta tanto”, pero en realidad no tenían idea. Después la pena se fue reduciendo y él salió con libertad condicional. Tenía que ir todas las semanas a firmar a un cuartel. 
  • ¿Cuándo salió?
  • Él salió el 26 de julio de 1975. No sé por qué se redujo tanto. Fue muy difícil cuando salió. Nadie vuelve a ser la persona que era antes, porque pasaron por situaciones que, primero, nadie se esperaba que fueran de ese nivel de violencia. Al hijo de Solé, cuando su padre murió, le pasaban sus relatos por los parlantes. Ninguna persona sale igual.
    Mi padre, cuando salió, tuvo la oportunidad de poner el taller de nuevo, pero no quiso. Nunca más quiso trabajar en el taller. Empezó a hablar muy bajo, porque en la cárcel tenían que hablar bajo. Otra consecuencia que vivieron fue que, al salir, muchos empezaron a usar lentes. Al estar tanto tiempo encerrados en espacios reducidos, la vista se había deteriorado. Después de unos años, mis padres se separaron. Antes de fallecer mi padre, descubrieron que había tenido tuberculosis. No se la habían detectado antes; parece que es muy común que la gente que está en la cárcel tenga tuberculosis. También hay gente que salió con problemas de salud mental.
    Mi sensación es que se me cortó la infancia, y que nunca más se recuperó la familia como era antes. Hoy por hoy, cuando veo un militar, me produce dos cosas: la primera, asco; y la segunda, miedo. Son todas secuelas que quedan. No hay recuperación. Yo tengo algunos amigos que pasaron por una situación similar. Hay uno de ellos que siempre me dice que los niños no fuimos reparados. No hay forma de reparar: lo que pasó, pasó.
    Cuando salió de la cárcel no podía viajar a otro país, le habían retenido la calidad de ciudadano. Después estaban las expensas carcelarias. La familia de mi padre había tenido un buen pasar económico, y había un terreno que querían vender, pero estaba embargado porque mi padre debía las expensas carcelarias. Te cobraban por la alimentación, la vestimenta que te habían dado durante los años que habías estado preso, como si fuera un spa. Las expensas carcelarias después las pagó, pero nunca las recuperó.
    La única reparación, que fue después, es que se les da una pensión a los que estuvieron presos. Incluso, cuando él se jubiló, tenía que elegir entre la pensión o la jubilación. Creo que la pensión se la dieron en el gobierno de Tabaré. En el gobierno de Batlle fue la primera vez que se reconoció el tema de los desaparecidos, porque Sanguinetti lo negó hasta el cansancio y después Lacalle dijo que acá hubo pocos desaparecidos, una cosa así, y que quién sabe si no hay alguno viviendo en el exterior.
    Yo era adherente al Frente Amplio hasta el primer gobierno. Ahí, cuando hicieron la cárcel VIP de Domingo Arena, dije: “no va más”. Escuchame, un tipo que roba para comer está hacinado, ¿y estos tienen una cárcel vip? Las madres siguen siendo bastardeadas. Hoy en día quedan muy pocas; las demás fueron falleciendo sin saber nada sobre sus hijos. Es tremendo las cosas que pasaron, y que siguen pasando, porque las personas que saben quién mató a fulano están vivas, y deciden no hablar.
  • ¿Te acordás qué hicieron cuando salió tu padre?
  • Fue todo bajo perfil. Recuerdo que vino gente a casa a saludarlo, pero no fue un festejo. Era imposible. Se sabía que siempre estaba esa espada colgando. Además, por la fecha en la que salió, era complicado.
  • Cuando creciste ¿pudiste hablar algo de esto con él?
  • Bueno yo me enteré de todo esto ya grande, pero no hablamos. También tiene que ver con lo que vivieron. Él y sus compañeros hacían algunos cuentos con humor, pero nunca contaron cómo los torturaron ni nada por el estilo, jamás. Fueron cosas que quedaron en su interior. Algunos, luego, escribieron lo que se vivía adentro, como Liscano. Pero es una cuestión más de escritor. Después lo que pasó es que la gente en los juicios tuvo que relatar muchas cosas que vivieron. Mi padre no participó.
  • ¿Cuándo fue la primera vez que reclamaron a la justicia?
  • Yo nunca. Lo único que se hizo fue lo de la pensión, pero fue una cuestión general.
  • ¿Querés decir algo para terminar?
  • Solo quiero agradecer a los jóvenes por tomar estos temas, y que sigan, porque esto no tiene fin. Es algo que está bueno tener en la memoria por muchas cosas, pero sobre todo para tratar de que esto no vuelva a pasar, y para tener más herramientas para evitarlo. Y que fueron los militares, más los civiles, que andan caminando por la calle, y son muy peligrosos.

Deja un comentario

¿Te interesa colaborar con la revista?

Nosotros

Somos un grupo de estudiantes que sienten la falta de espacios de discusión y producción cultural y literaria en Uruguay. Por eso, decidimos comenzar este proyecto, donde esperamos abrirle la puerta a nuevas voces y formas de ver (y transformar) la realidad.

Nos posicionamos desde un espacio de lucha en pos de la construcción de una cultura consciente y comprometida, capaz de incentivar a nuevos escritores y pensadores que encarnen una sensibilidad capaz de reconstruir nuestra identidad con una mirada que apueste a la empatía y el respeto.

¡Si te interesa participar de este proyecto, comunícate a través de nuestro contacto!