Casa venida abajo

Ilustración: (Julia Gatti)
Escrito por: Florencia Parentelli

la violencia no cicatriza

no se apaga en el fondo de tus ojos

el día que se fueron no se acabaron de un momento a otro las palabras

fue un proceso vergonzoso

una secuencia de violencia

primero se aferraban a las paredes

a los patios y a las banderolas

se amontonaban atrás del color de los muros

hacían presión hasta que el acrílico seco

se convertía en pintura descascarada

se hacía mugre y fiebre en la garganta

recién después se escuchó sangre 

pero no llegó, no se instaló así de una

es importante decirlo ahora que se puede

nombrarlo en alto hasta hacerlo parte

que no fuimos siempre una casa venida abajo con los cimientos empapelados de miedo

no pertenecimos siempre a un avispero blando lleno de huecos

te nombro

te nombro porque cuando te nombro de cierta forma nombro todo lo que había antes en el resto de las cosas

las enumero y las señalo

porque tu ausencia las absorbe pero no absorbe el lenguaje

porque el lenguaje es la forma que tenemos de ganarles a ellos

y ahora el silencio, pero no ese silencio

no el silencio con el que se intenta llenar 

lo que nunca debería haberse ido

cuando te fuiste se empezaron a ir de a poco otras cosas 

tan de a poco que no nos dimos cuenta pero ahora advierten y arden

y sin embargo en esa violencia

también estás

pero no como deberías

nada compensa tu ausencia

mientras pisemos el suelo

mientras falten sus coordenadas

la violencia no se cicatriza

la memoria y el lenguaje no se apagan

olvidar y postergar siempre es acostumbrarse

entonces silencio, pero no ese silencio

no el silencio del que olvida

del que llena con violencia las cosas

del que se mancha las manos por no decir

silencio para pedir verdad

para pedir memoria

para pedir justicia

para que nos digan dónde están 

para que las paredes no se vuelvan a llenar de palabras escondidas

para que el lenguaje recuerde 

para que no pase nunca más 

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