Imagen: (Catedral Metropolitana, 27 de agosto de 1968, AHUNAM-IISUE, No. 2367.)
Escrito por: Julián Peralta
¿Cómo se le hace para nombrar el canto de un pájaro cuando no se conoce su nombre?
Estoy en el jardín de una biblioteca, hay algo así como una fuente no muy lejos de mí a donde vienen a descansar las aves, pero no sé nombrarlas. Hay un colibrí justo encima mío, sentadito en una rama. Ese nombre sí lo conozco; su silueta se me presenta perfecta a contraluz de las hojas del árbol, que parecen tener brillo propio.
Necesitaría a alguien más conmigo, sentado aquí en mi mesa. Algo así como un abuelo. Que haya escuchado por décadas el canto de los pájaros, y haya tenido la curiosidad de preguntar por sus nombres o la valentía de inventárselos. Yo no conocí a mi abuelo, él murió hace ya mucho, a finales de los años 60. No murió heroicamente defendiendo una causa, a él se lo llevó una infección de amebas en el hígado por desayunar cigarro con coca cola y cenar cualquier garnacha que se le cruzara en la calle. Al menos eso es lo que repitió mi abuelita hasta el cansancio a sus hijos y luego a sus nietos cuando preguntábamos por el abuelo, seguido de una larga moraleja, casi un manifiesto, de la importancia de comer bien.
Pero alguna vez mi abuelita se le salió contarme que mi abuelo sí participó en el movimiento del 68, muy por encima siempre, con la excusa de que no se acordaba bien; nunca mencionó nada de asambleas, ni nada de consejos generales de huelga, ni de marchas al Zócalo, ni de reuniones secretas. Alguna vez, escombrando el cuarto de los tiliches encontré volantes que convocaban a una manifestación desde el Museo de Antropología junto a unos periódicos leninistas. “Cosas de tu abuelo”, dijo mi abuelita, y me los arrebató de la mano y no se habló más del tema.
Así que nadie me contó que había una herida del tamaño de la Plaza de las tres culturas que sanar; a mi abuelo no le alcanzó la vida para advertirme lo importante que es recordar lo que pasó, y a mi abuelita no le alcanzó la memoria. A veces pienso que mi abuelita pudo habernos mentido a todos, encontrando una solución doble al problema de cómo obligarnos a comer en la casa y cómo evitar hablar del abuelo. Si ese fuera el caso no la culpo, así vivir no es recordar, así el oficio de vivir se cumple más fácil.
Pero, si este fuera el caso, ¿cómo le explico ahora a mi abuelita que sus recuerdos ya no solo le pertenecen a ella? Ahora le pertenecen a toda una generación que vive de recuerdos ajenos, pues hay luchas que duran hasta para aquellxs que no las vivieron. ¿Cómo le explico la importancia de No olvidar? ¿Cómo le explico a mi abuelita que tiene derecho a la memoria?
¿Cómo le explico que es necesario para que Nunca más vuelva a pasar? ¿Cómo le explico la importancia de seguir haciéndonos preguntas? ¿De dónde salieron 300 mil estudiantes el día de la Marcha del Silencio? ¿Qué poema se escuchaba en la radio local cuando entraron los tanques?
¿Dónde tiraron a nuestros muertos? Y tal vez las más importantes: ¿Cómo se repara lo ya quebrado? ¿Cómo construimos un vocabulario para sanar el trauma?
En los últimos años México ha visto notables esfuerzos para responder estas últimas preguntas. Las investigaciones de la Comisión de la Verdad han revelado contundentemente el uso sistemático de violencia estatal contra movimientos estudiantiles; hay registro de detenciones arbitrarias y extrajudiciales por parte de la policía, así como el uso indebido de elementos del Cuerpo de Fusileros y Paracaidistas para desarticular huelgas y tomar espacios escolares, a su vez se ha comprobado que se utilizaban cuarteles militares de Michoacán, Sonora, Tabasco y Ciudad de México como centros clandestinos de detención temporal(1).
Asimismo, en agosto de 2023 en el Diario Oficial de la Federación se publicaron los lineamientos del Programa Especial de Reparación Integral en donde se explica que las medidas de compensación y reparación para personas que hayan sufrido violaciones a sus derechos humanos son: “ayuda inmediata; de alojamiento y alimentación; de traslado; de protección; asesoría jurídica; de asistencia y atención; económicas y de desarrollo, y de reparación integral”(2).
Estos esfuerzos son un gran avance, pero no son suficientes. Como dice la investigadora Eugenia Allier, el movimiento estudiantil del 68 fue aniquilado militarmente en su tiempo, pero triunfó simbólica y políticamente en el futuro(3). Pero, ¿y los demás movimientos que no salieron victoriosos? ¿Qué hay de Aguas Blancas, de Nochixtlán, de Acteal, de Atenco, de Ayotzinapa? ¿Qué hay de todas las visitas a los cuarteles que fueron saboteadas? ¿Qué hay de todos los archivos militares que siguen clasificados, o que fueron desaparecidos?
El 68 produjo el combustible necesario para alimentar más de 50 años de resistencia. Nos mantuvo atentos e incrédulos en territorio de sumisiones, nos puso en la boca la duda, pero más importante, nos puso el No en la boca. Seguir hablando del 68 es ejercer nuestro derecho a la memoria, y es nuestro deber usar las herramientas que nos ha dado para esclarecer los procesos de la noche que siguen sin respuesta.
(1) Allier Montaño, E., & Crenzel, E. (Coords.). (2015). Las luchas por la memoria en América Latina. Historia reciente y violencia política. Bonilla Artigas Editores; Universidad Nacional Autónoma de México.
(2) Allier Montaño, E. (2021). 68: El movimiento que triunfó en el futuro. Historias, memorias y presente. Universidad Nacional Autónoma de México; Bonilla Artigas Editores.
(3) Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las Violaciones Graves a los Derechos Humanos Cometidas de 1965 a 1990. (2024). Informe final: Resumen ejecutivo de los reportes de los cinco instrumentos de la Comisión. Gobierno de México.
Imagen del artículo: Del Castillo Troncoso, A. (2018, octubre 7). El 68 visto desde la fotografía. Nexos. https://cultura.nexos.com.mx/el-68-visto-desde-la-fotografia/









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