Imagen: (Santiago Macedo)
Escrito por: Santiago Macedo
Uno de los ejercicios más interesantes que he encontrado últimamente es entrar a cualquier plataforma musical (la que sea, Spotify, Youtube Music, etc.) e indagar en la lista de canciones más escuchadas. No la global, sino la de acá, la de Uruguay. Esto me lleva casi siempre a revisar también la de Argentina, que, salvo la ausencia de nuestros grupos de plena, es prácticamente la misma lista: los mismos artistas, las mismas canciones e, incluso, casi las mismas posiciones. Que nuestras culturas sean similares no es sorpresa ni noticia para nadie; hasta se podría afirmar que son una sola. Así que para no limitarme demasiado, voy a hablar de la música y la cultura rioplatense como un todo homogéneo, por una razón muy simple: a ambos lados del río, nuestra música es víctima de un problema grave.
Tanto en Argentina como en Uruguay, de acuerdo a los datos de cierre de año de Spotify, la artista más escuchada fue Emilia, gracias al éxito de su álbum .mp3, un gran proyecto discográfico conformado por varios sencillos y videos musicales de alto presupuesto. De este álbum, la canción en solitario más exitosa durante 2024 fue «Exclusive.mp3», que consiste, entre otras, de estrofas como esta:
She got a WAP like Cardi
She doesn’t give up I’m sorry
If you don’t tell nobody
Can be your sugar mami
Haciendo el work like RiRi
Tiene la velocidad de un ‘Rari
Ella es dueña de la city
Con un rooftop en Miami
Estas dos estrofas no solo aluden a dos canciones de artistas estadounidenses (Cardi B en la primera y Rihanna en la segunda) sino que además están cantadas casi totalmente en inglés, y construidas alrededor de dos conceptos centrales: la belleza física y sexual de Emilia, y su riqueza, manifestada en tener «un rooftop en Miami».
Otro artista notorio que sacó material en 2024 fue el rapero Trueno. Su disco El último baile tuvo un gran éxito comercial y recepción por parte del público. Adjunto aquí la lista de canciones del proyecto:
- Intro
- Plo Plo!
- Tranky Funky
- No Cap
- The Roof Is On Fire
- Pull Up!
- Como Antes
- Real Gangsta Love
- Night
- Ohh Baby
- Cuando El Bajo Suena
- La Nota
- Rain III
Adjunto, como muestra representativa, un fragmento de «Real gangsta love»:
Esto es real gangsta love
What you want?, te lo doy, put it on, put it on
This is real gangsta love
Pam, pa-pa-pa-pa-pam-pam, un disparo al corazón
Esto es real gangsta love (yeah, yeah)
Jum, ella viene del hood, con azúcar, pom-pom
This is real gangsta love
She don’t need the gun, mai, let’s get it on
Esto es real
Ante esta estrofa se presentan dudas. ¿En Argentina hay gangsters? ¿Hay hoods? ¿Por qué la música actual está tan permeada por un imaginario que nos es absolutamente ajeno? Uno podría argumentar que la globalización difumina las líneas que existen entre las culturas. Válido. Ahora, qué casualidad que ese fenómeno se dé en un solo sentido, ¿o algún cantante estadounidense menciona haber salido de una villa, o que tiene un apartamento en Punta del Este para demostrar su riqueza?
Mario Benedetti, en su introducción a Literatura Uruguaya del Siglo XX, señala que una de las grandes falencias de la cultura uruguaya es que Montevideo está de espaldas a América y de cara al océano, de cara a Europa. Lo mismo aplica para Buenos Aires, con la diferencia de que al mirar al océano ya no se mira tanto hacia Europa, sino hacia nuestro gran vecino del norte. Trueno tiene, cada tanto, ciertos chispazos identitarios; la canción «Tierra Zanta», y el video que la acompaña, es un ejemplo claro de ello. Pero incluso en momentos así, no logra escapar de cierta teatralización de sí mismo que no se condice con el supuesto enfoque artístico: el centro de la canción, en lugar de estar en nuestro continente, está en su ego.
En este contexto algo desolador rescato la presencia de una voz nueva, que aún no ha encontrado su lugar en (y me permito la pequeña hipocresía de usar un anglicismo) el mercado mainstream: Broke Carrey, que con su EP Río de la Plata se planta frente al cipayismo de la industria musical contemporánea sin pelos en la lengua. Incluso cuando no lo hace directamente, sus versos aluden a una identidad explícitamente argentina. En «Montonero», por ejemplo, se posiciona en un lugar muy claro respecto al contexto actual de su país:
Con perdón de las damas
Me cago en Milei y su hermana
Me cago en su escritorio y su oficina
En nombre de mi vieja y la bandera argentina
Eso es así, desde que nací soy antigil
Y con los giles yo no me comporto, ni soy sutil
Como un subversivo y su fusil
Salgo a cazar un par de Cositortos
No solo alude a eventos y personajes actuales, sino que lo hace desde un lenguaje íntegramente rioplatense. Al lado de él, las alusiones a lo argentino de Trueno o de Emilia (que tienen dos variantes: mencionar que son argentinos o, en su defecto, los mejores de Argentina) se revelan como poses, un gesto a la tribuna. Broke Carrey, más allá de un nombre que peca de lo mismo que ahora denuncia, realiza en Río de la Plata un verdadero grito en defensa de su cultura y de su lenguaje, y lo hace en un enfrentamiento explícito con los artistas mainstream. En «Señales de humo», señala lo siguiente:
Mátenme el día que la guita cambie mi forma de ser
El día que empiece a actuar como otro
Con la panza llena cambiaron de parecer
La mitad de estos artistas a mí me caen como el orto
Y en «Distinto», suelta dos versos que parecen ir en tándem con lo anterior y definir la tesis del EP (y, además, dar título a esta suerte de ensayo):
Cantantes famosos mienten en las entrevista’
Estás en tu país, ¿por qué hablas como turista?
Cuando la música que la mayoría de la gente escucha parece componerse en un intento explícito de emular lo ajeno y alejarse de lo propio, la apelación de Broke Carrey a no perder lo primero que es nuestro y solo nuestro, el lenguaje, se convierte en un llamado de atención que no puede dejar de interpelarnos. Es un posicionamiento que reconoce el poder de la música, y de todo el arte, de construir imaginarios colectivos, y una denuncia a aquellos que tratan de construir un imaginario que no es nuestro ni se justifica a sí mismo como deseable más allá de un afán comercial. ¿Hasta cuándo vamos a estar de espaldas a nuestro continente y a nosotros mismos?









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