Escrito por: Gerónimo Pose

Boulevard Sarandí

de adoquines maltrechos

carruajes destilando sal líquida

y sueños de libertad.

La bahía natural en la ribera norte

compendio forastero

imágenes que son un reino en sí mismo

un canto de dolor que navega

esquivando esquirlas doradas

del Río de la Plata.

Tres reyes muertos

tres veces se enlutó Montevideo

incluso antes del primer naufragio

el primer navío

que desde Buenos Aires,

con pasajeros y cargas empapadas por el diluvio,

zarandeó la tormenta

nuestra señora de la luz

hasta altas horas de la noche

altos suspiros y estertores

avistando el peligro y la ansiedad.

Indolencia colonial

fragmento testimonial

el cauce en los ademanes de Dom Pernety.

Testimonios que de forma caudalosa

respiran quietos en taburetes

al fondo de la sala.

Boticas de remedios proporcionados gratuitamente

vestidos virando

entre riñas por toros y comedias

redobles de tambor invocando la solemnidad

un remate con testamento

de cucharas y cajitas de oro perpendicular.

Socarrón y benévolo Pérez Castellano

sacerdote atento ante la conducta

hierática y rutinaria

de mujeres y hombres que no tocaron la belle époque.

El vals reinando las tertulias

tornasolada señal añeja del viejo mundo.

Al son de ese ritmo

fueron gastados calzados y el señor de la paciencia

vistos como devotos y merecedores del culto.

Las damas observaban con la caña servida en el vaso

y el cigarro enloquecido empozándose en el aire.

Garbo admirable, pollera con volados y mantillas de seda negra.

Los hombres concluían su peregrinación

y acudían en paz a las barberías

esperando la inminente llegada de los ingleses.

Llora el sacerdote

El pueblo es condenado a la tristeza

sucumbidos al terror

la sangre y el fuego.

Por supuesto que no pudieron

estos contrastados gentlemans del horror

derribar los bastiones

las pulperías

templos donde impera el hedonismo

donde se pregona la conversación como madre superior

la indulgencia frente a los pequeños defectos

y la bebida es el condimento esencial.

Querido pueblo

que acogió soldados

en calles sin números ni identificación

que veneró «no más de seis azotes»

«en la ciudad y puerto de Montevideo»

hasta los tiempos de Artigas

días finales de la dominación colonial.

¡Un cafecito para el asmático!

recetaba Don Dámaso Antonio

meses previos al baile y la instauración

del gobierno artiguista.

Barricas de cerveza rubia y unos minuetos

¡Festejemos lo que 199 patacones puedan entregarnos!

Ciudad de San Felipe y Santiago

Guitarras que regurgitan sobre tambores

Murallas empedradas y ambiciones de ser viento

Escolleras que rozan Sarandí

y se vuelven contra el miedo

Amaneciendo va

su soledad portuaria

Montevideo de Reconquista y el General Flores

Finísima lucha por sobrevivir

Ollas hondas, galgos en carreteras

La paz sin filtro y damajuana con querer

Los vientos del norte de Avenida Italia

no juegan con los sabuesos

Te regalaron un beso

sur de mi ciudad

Hay un deshollinador cansado

que conversa con el afilador

Cerca de Bv. España 

Llegando a ese frondoso Ombú.

Isidoro estará permeado

Sobre calle Camacuá

En Ciudadela Laforgue lo espera

al ritmo de un vals de Supervielle

Y como si fuera rito de habitantes paganos

Nos ponemos a celebrar

ese Sol en el frontispicio

anuncia que esta noche dará sala el lugar

Los martillos cómodos

repiquetean su disimular

La peatonal está llena

no me esperes encontrar

Estaré perdido

en la anécdota del hacha

Paseando por Cerrito

O pidiendo fuego en la explanada

Buenos Aires es la calle que de la mano

he de transitar

hasta el cuello de recuerdos

Jacarandás e Hipólitos que ya no están

Esa sala de cine vieja

cimentada sobre un antiguo mercado

fue testigo de andanzas

trasnochadas y qué se yo qué más

Entremos por Buceo a la familia saludar

Invisibles por los recovecos

creo que ya estuve por este lugar

Rodeado de sentimientos

Personas que vida a estos espacios dan

Me recuesto en la araucaria

y el último verso que cierra todo esto

como un blues que habla de Montevideo

me dispongo a esbozar.

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