Enlatado importado en nuestro condado: el rol de los asesores extranjeros en las elecciones latinoamericanas

Imagen: (Teo Hill)
Escrito por: Ignacio Rojí

El 2024 fue el año de más elecciones en la historia, y Latinoamérica no estuvo exenta de esta fiesta democrática, donde países como Uruguay, México o Panamá se batieron en las urnas para dirimir su futuro por cuatro, cinco o seis años. En estas elecciones (como en las ocurridas en 2023 en Argentina y Brasil) despertó la curiosidad y la sospecha el cómo las campañas fueron adquiriendo un toque distinto al de las anteriores, importando lógicas parecidas a las utilizadas en el viejo continente. Una de las hipótesis, además de la globalización misma, es la contratación de consultores o asesores extranjeros.

¿Nos están vendiendo espejitos de colores a costa de nuestra democracia? Estos asesores, normalmente españoles, valga la metáfora, son contratados por distintos presidenciables a lo largo y ancho de Latinoamérica, algunos siendo figuritas repetidas en las campañas, importando sus maquetas para lograr (o no) que su cliente resulte victorioso.

Estas figuras no suelen ser personas de mucha aparición pública en las campañas; de hecho, permanecen tras bambalinas de los acontecimientos o trazando planes de acción para la carrera electoral de su candidato. Pero, como diría José Martí, «el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país». Esta frase despierta dudas de cuánto se puede vender un enlatado extranjero para nuestros países. En primera instancia, esto ha dado muchos resultados, de manera fáctica o ilusoria, que han hecho ganar a muchos candidatos o levantar sus cifras para parecer competitivos. Estos consultores de los que hablamos son solo la punta del iceberg de todos los equipos y empresas que asesoran a distintas figuras, siendo los más destacados Antoni Gutiérrez Rubí, Antonio Sola y un ejemplo ocurrido en nuestra localía, Aleix Sanmartín.

Antoni Gutiérrez Rubí, conocido como «el catalán» en Argentina, ha sido el principal consultor y asesor de candidatos de izquierda en Latinoamérica. Participó en 2017, en Argentina, junto a Cristina Kirchner en Unidad Ciudadana; pasó en el 2018 a los equipos de Sergio Massa, así derivando en 2019 en la coalición peronista Frente de Todos; tomó la batuta de todas las campañas del post Unión por la Patria, aplicando un copie y pegue de sus maniobras junto a Pedro Sánchez en España. El «Perro» Sánchez (apodo que se discute si es un elogio o una crítica) remontó, y logró, una victoria agónica criticando al partido de ultraderecha VOX, creando una «campaña del miedo» contra su tercer adversario en las encuestas y aliado del Partido Popular (PP) de corte centroderecha. No casándose con nadie, Antoni también participó de la campaña en Colombia asesorando al candidato de izquierda Gustavo Petro: mostrando una actitud mesurada y de centro, hablando a la población de un gran pacto nacional y de que su presidencia no presentará ningún problema a los que no lo votaron, gobernando así para todos (estrategia muy similar a la de nuestro presidente electo), logró una contundente victoria en el balotaje. Su victoria más reciente fue este 2024 en México, llevando a la presidencia a la primera mujer en la historia de ese país, Claudia Sheinbaum. Abriendo críticas de algunos medios y funcionarios por el fichaje del asesor, ya que su contratación fue de un alto costo, despertando dudas de qué dinero fue utilizado para la misma.

De la izquierda a la derecha, pasamos a su gurú, Antonio Sola, llamado «el creador de presidentes»: un consultor y asesor de gran trayectoria (por algo su nombre), participando que ha participado en las campañas de Felipe Calderón (México), Juan Manuel Santos (Colombia), Mariano Rajoy (España), Lenin Moreno (Ecuador) y Sebastián Piñera (Chile), entre otros. 

Es conocido por una de sus primeras y más recordadas campañas, al generar una gran polarización hacia Andrés Manuel López Obrador. Para la carrera presidencial de Felipe Calderón, crea el eslogan «Obrador es un peligro para México», dándole así la victoria al Partido Acción Nacional en el 2006, siendo esta la última presidencia del partido hasta la fecha. Actualmente, además de seguir participando en campañas y asesorando presidenciables, creó su propia fundación Liderar con Sentido Común, donde busca formar nuevos liderazgos «con sentido común», funcionando como una especie de semillero de nuevos líderes y estableciendo conceptos propios como la emocracia, siendo esta la «dictadura de las emociones». «Hoy estamos sujetos a una dictadura emocional total en la política, sobre todo en las campañas electorales», dijo en El Economista, concepto que él critica y trae a reflexión, aunque lo haya utilizado y aprovechado en sus campañas, impulsando a sus clientes gracias a las mismas prácticas.

Uruguay no es ajeno a estas figuras (y con qué figura), siendo Aleix Sanmartín el asesor del colorado Andrés Ojeda. Sanmartín ha sido una figura muy galardonada dentro del mundo de la consultoría política, con una de sus frases más escuchadas: «dentro de la ley, todo lo que se pueda para ganar unas elecciones, que es para lo que me contratan». Esta frase se complementa con su metodología para lograr sus bastos triunfos electorales, utilizando un método basado únicamente en datos y algoritmos, reivindicando también las campañas negativas, considerándolas efectivas ya que quedan en la población. Algunos ejemplos son las campañas de Andalucía con el PP, donde rompió la racha de 40 años del Partido Socialista Obrero Español; su participación en 2023 en la campaña de Pedro Sánchez (ambas junto a Antoni), armando un call center para llamar a indecisos; y las polémicas de 2019, cuando asesoró la campaña de Pablo Casado para el PP, promocionando imágenes de Pedro Sánchez con Pablo Iglesias diciendo «no contéis conmigo» e intentando adjudicar estas imágenes a otro partido de izquierda, siendo descubierto y actualmente enfrentando un juicio por estas acciones. En la campaña del candidato colorado se han podido notar las capacidades del asesor, planteando una campaña en etapas in crescendo desde las internas hasta las elecciones de octubre, con una fuerte presencia en redes y con spots disruptivos basándose en la imagen del candidato, siendo considerada por varios analistas como una «campaña de estilo mexicano y centroamericano» y elogiada por asesores como Duran Barba, maestro y profesor de Sanmartín, considerándolo un «terremoto» para la política uruguaya al aparentar previo a las elecciones de octubre la posibilidad de acceder al balotaje, estando a solo un punto de diferencia del candidato nacionalista Álvaro Delgado.

¿A qué costo? Estas figuras generan peligros para nuestras democracias. Con recetas y maquetas traídas de afuera, cimentan o generan una grieta en la población con tal de hacer ganar a su candidato. Como mercenarios que son contratados y luego se van, no se molestan por los resultados posteriores de estas las elecciones. Cambiando las reglas del juego, innovando y actualizando, sí, pero a veces no trayendo buenas conductas a la vida democrática de los países latinoamericanos. Cuestionados en Uruguay, la directora de Cifra, Mariana Pomies, criticó a los asesores extranjeros, especialmente a Sanmartín, al traer «enlatados» que no significan ni describen nada de la realidad que acontece en el país y solo basan sus lógicas en el mundo de las redes sociales; esto ha limitado nuestra visión del mundo, enroscándonos en nuestro microentorno; ejemplificando esto con la apariencia de victoria de Andrés Ojeda para las elecciones generales de octubre.

¿Y qué podemos hacer? Esperar. Estos modos de campaña no funcionan para siempre; como podemos ir a peor, podemos ir a mejor. Por mientras, no queda otra que entender que el otro —aunque hay veces que cueste— es un ser humano, y que las redes no describen nuestra realidad aún: solo son un micromundo que agrieta y polariza nuestras sociedades. Nos queda informarnos, ser conscientes de lo que escuchamos, ser más empáticos con el otro y rechazar todo discurso de odio que no construya el proyecto en conjunto que es nuestro país y nuestra América.

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