América Latina: soy el desarrollo en carne viva

Imagen: (Manuela Gianarelli)
Escrito por: Camilo Martínez Rodríguez

Pero aquí abajo, abajo,

el hambre disponible

recurre al fruto amargo

de lo que otros deciden.

Mientras el tiempo pasa

y pasan los desfiles

y se hacen otras cosas

que el norte no prohíbe.

Con su esperanza dura

el Sur también existe.

Mario Benedetti, 1985, El Sur también existe.

El 10 de enero de 1891, en Estados Unidos, La Revista Ilustrada de Nueva York publicó el ensayo «Nuestra América» de José Martí. El poeta nos regala nítidas imágenes de sus convicciones culturales, ideológicas, políticas y sociales sobre nuestra América. Reflejo de una época histórica convulsa y revolucionaria, Martí traza decididamente metáforas que dibujan fronteras culturales e ideológicas entre norte y sur; entre ellos y nosotros. Su fuerte convicción en las ideas, entendidas como «aquellas trincheras que valen más que trincheras de piedras», nos invita a reflexionar sobre la especificidad histórica de nuestro continente.

Luego de tres décadas y un centenar de años de recorrido histórico, la lectura del manifiesto de Martí nos permite establecer las siguientes interrogantes: ¿De qué manera podemos definir y caracterizar a nuestra América? ¿Cuáles de los planteos de Martí siguen aún vigentes en nuestras realidades? ¿Qué rol cumplen la solidaridad, la unión y el compromiso latinoamericano en la construcción soberana de nuestros pueblos? Son preguntas que exceden los cometidos de este pequeño texto, pero, de todas formas, vale la pena destacar algunos puntos relevantes para comprender la vigencia de algunos planteos en el presente de nuestro continente. De esta forma, el objetivo de este ensayo consiste en incentivar la lectura de «Nuestra América» de José Martí y compartir algunas reflexiones a partir de una lectura detenida con el público lector de Minotauro.

En principio, antes de señalar diferentes aspectos sobre la vigencia del pensamiento de José Martí, es necesario explicitar la perspectiva desde la cual se realiza la lectura. Una de las tantas formas de comprender cualquier proceso histórico y social, latinoamericano o de otras latitudes, consiste en reconocer el carácter multiescalar de estos procesos complejos y multidimensionales. En primer lugar, a nivel global, nuestra región ocupó y ocupa una posición dependiente y periférica. Como plantea Patricia Funes (1), el «descubrimiento» de América supuso una ruptura con la cosmovisión eclesiástica dominante vinculada a la Santa Trinidad y su correlato en las regiones del mundo hasta el momento conocidas (Europa, Asia y África). La aparición del «nuevo mundo» supuso un cambio relevante en la forma de vincularse entre diferentes regiones al igual que en la manera de comprender el mundo y, en particular, en el establecimiento de lazos dependientes entre norte y sur en términos culturales, económicos y políticos.

Desde la conquista hemos ocupado un rol secundario a nivel global. Comparto el planteo de Waldo Ansaldi y Verónica Giordano (2) cuando destacan que la construcción histórica de América Latina representa un recorrido desigual y disperso. Desde Mexicali a Tierra del Fuego, el legado colonial europeo se hace presente y configura la imposición de criterios y patrones culturales ajenos a sociedades nativas desde finales del siglo xv. Quienes escriben insisten en que nos diferenciamos de nuestros vecinos del norte en cuanto al impacto del legado colonial (lenguaje, costumbres, influencia religiosa, etc.), en el influjo de la diversidad étnica y cultural (resistente y producto de la mezcolanza racial), y, en particular, en el interés imperialista de establecer proyectos en nuestra región en diferentes momentos históricos, aspecto que incluye al tigre norteamericano agazapado del que nos alertaba Martí. En efecto, debemos reconocer cómo estos procesos de larga duración —vinculados a las relaciones internacionales— ejercieron y ejercen una influencia central en la formación social e histórica de nuestra América.

En un segundo nivel encontramos la escala regional y nacional. Si bien América Latina representa una región que comparte rasgos culturales, no podemos dejar de reconocer que somos un mosaico integrado por unidades nacionales que mantienen rasgos identitarios marcados. En algunos casos, con importantes resistencias a la unidad regional, producto de episodios conflictivos entre estas unidades. Incluso podemos reconocer que al interior de estas unidades nacionales «homogéneas» se cristalizan acentuadas diferencias entre territorios o clases sociales. Al igual que sucede a nivel internacional, en el ámbito nacional operan fuerzas de larga duración que obedecen a la distribución de poder (político, económico, cultural, etc.) y al comportamiento colectivo, que explican la construcción de esquemas de bienestar de nuestros países. Ahora bien, a diferencia de la escala internacional, que presenta rasgos estructurales de complejo cambio y transformación, en la escala nacional se construye un conjunto de herramientas que contribuyen a la capacidad de agencia en nuestras sociedades. Estas capacidades representan cualidades para construir y establecer herramientas de acción e intervención, en el corto y mediano plazo, que contribuyan a mejorar el bienestar de amplios sectores de la población.

Establecidas, de manera esquemática y sucinta, las características salientes de la mirada multiescalar nos resta dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué reflexiones de José Martí siguen aún vigentes para nuestra América? Uno de los tantos pasajes del texto que parecen estar escritos para nuestros días refiere a las características de un buen gobierno, como se destaca a continuación.

(…) el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. (3)

Podemos reconocer que, si bien Martí identifica la unidad regional como un aspecto central del proyecto latinoamericano, en la dimensión nacional se define un conjunto de instituciones que contribuyen a consolidar buenos gobiernos. En este ámbito el reconocimiento de la especificidad histórica de nuestra América es un aspecto indispensable. Ello implica conocer el proceso histórico y la composición social de nuestras sociedades, y, en particular, demanda contar con el conocimiento de las capacidades existentes y de cuáles son necesarias construir. De esta forma, como un proceso social de construcción ascendente, los buenos gobernantes son aquellos que construyen bases institucionales sólidas, basadas en el conocimiento de las sociedades que integran y, posteriormente, escalan a otros niveles regionales e internacionales donde operan fuerzas estructurales de mayor duración.

En la actualidad, la problemática institucional ocupa un rol central en las agendas internacionales de investigación en ciencias sociales y áreas afines. No es casual que los recientes nobeles en economía (4), Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson, obtuvieran dicha distinción por el impacto de las instituciones inclusivas y extractivas en los niveles de prosperidad de las naciones. Ahora bien, a diferencia de estos trabajos y muchos otros que los siguen (y seguirán), donde el proceso histórico, el aprendizaje colectivo y la capacidad de agencia de nuestras sociedades posee un rol secundario o nulo, la propuesta del poeta cubano consiste en reconocer la capacidad de construcción en materia institucional, y que esta construcción colectiva y social reconozca nuestras especificidades históricas al igual que los problemas que acarrea replicar acríticamente esquemas de otras latitudes.

De manera implícita, otros aspectos destacados por el poeta se encuentran en los objetivos que guían el proceso de construcción institucional. Los objetivos y las funciones que guían a las instituciones, vinculados al mejoramiento de la soberanía e independencia nacional, son aún más importantes que el diseño y el proceso de construcción institucional. Este mensaje es muy vigente en la actualidad, donde la estrella polar que guía a los países se encuentra en los procesos de desarrollo vinculados a mejorar la calidad de vida de las personas. En este caso, si el objetivo consiste en mejorar la calidad de vida de amplios sectores sociales, algunas trayectorias institucionales que privilegian la reproducción de desigualdades y privilegian a los más fuertes se encuentran anuladas completamente. En síntesis, uno de los mensajes fuertes que Martí nos ofrece a finales del siglo xix se encuentra en la concordancia entre especificidad histórica, construcción institucional y mejoras en la calidad de vida de nuestros territorios.

 A modo de cierre, la metáfora del tigre cazador que brinda José Martí nos permite reflexionar sobre nuestra América como aquella presa que cuando despierta tiene al depredador encima. Por muchos períodos históricos hemos actuado de manera frágil, inerte e inmóvil al acecho de nuestro destino final. Sin embargo, en la medida que entendamos que somos carne viva —actuante, móvil y pensante— podemos escapar del felino. La soberanía y la independencia del ayer, y el bienestar y el desarrollo del hoy demandan  construir sendas propias y alternativas del gran felino. En definitiva, estos procesos deben reconocer nuestra esperanza dura y, por sobre todas las cuestiones, que el Sur también existe.

(1) Véase Funes, P. (2007), “Introducción” en América Latina. Los nombres del nuevo mundo, Plataforma Explora – Ciencias Sociales, Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología: Argentina.

(2) Véase Ansaldi, W. y Giordano, V. (2012), América Latina. La construcción del orden. Tomo I: De la colonia a la disolución de la dominación oligárquica, Ariel: Argentina.

(3) Véase Martí, J. (2005:33), Nuestra América, Fundación Biblioteca Ayacucho.

(4) Para una lectura rápida consulte: «Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson ganan el Premio Nobel de Economía por sus estudios sobre la desigualdad de las naciones» en el portal web de bbc news mundo. Link de acceso: https://www.bbc.com/mundo/articles/cq641er89l0o (consulta 29/12/2024).

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