Carta apócrifa

Imagen: (Romina Slavich)
Escrito por: Mauro Solé

Yo no canto por cantar
ni por tener buena voz,
canto porque la guitarra
tiene sentido y razón.

Víctor Jara, Manifiesto

Queridos jóvenes,

Escribo esta carta con la intención de que en algún momento llegue a las manos de alguno de ustedes. Quiero decirles que en estos últimos minutos he comprendido realmente la fragilidad de la vida. A través de las ventanas del avión todavía se vislumbra el horizonte, el futuro es nuestro, las angustias y las penas partirán, la desvergüenza, la mentira, la falsedad, todo eso partirá. A mi derecha Ibargüengoitia se ríe de mis palabras, sin embargo no las desmiente. Creo en la cultura, mi condición de necio me ha llevado a luchar por ella hasta el último momento. No creo en los discursos, en los intelectuales a quienes siempre detesté, creo en la cultura, en la nuestra, en los jóvenes, en ellos sí creo. He trabajado toda la vida escribiendo prólogos, libros, artículos, ¿a dónde han ido a parar? Es tiempo de tomar las riendas, basta de análisis frívolos, basta de literatura sin sentido. Estamos a tiempo de cambiar las cosas, pero debemos empezar ya. A los profesores que imparten sus clases para satisfacer su ego, sin extenderle la mano al estudiante, les pido que abran el camino a las nuevas generaciones, que las guíen en el camino que es la vida. Navigare necesse est, vivere non necesse. A los vasija vacía, que creen que discutir de literatura es nombrar de memoria todos los libros que caben en un minuto, confundiendo la literatura con una enciclopedia, les advierto: eso no es cultura, es pedantería barata. A aquellos que publican sus trabajos en revistas perdidas por el mundo, dejando que sus investigaciones floten extraviadas sin ninguna razón, deben entender que no se estudia literatura porque sí; no es un pasatiempo ni un trabajo, mucho menos un mero entretenimiento. De qué sirven tantos textos perdidos si nadie los lee. La cultura ha de estar en la calle, en la mano del muchacho, del necesitado. Nos hemos rendido, los discursos anticulturales nos están ganando terreno, la superficialidad ha vencido al espíritu, el individualismo ha desplazado a la empatía. Si no bajamos la cabeza y reconocemos que todo este tiempo hemos estado equivocados, no llegaremos a ningún lado. Mientras el imperialismo ha sabido organizarse, nosotros nos hemos separado. Se necesita lo que ellos, reuniones diarias, acción militante en todas las causas. Nos hemos confiado. Como dijo alguna vez un joven poeta, ¿no es tiempo de descorrer esos ojos sin sueño, de crearse un destino, de descender y ubicarse en nuevos pozos de aire?

Mi tiempo se acaba, en cualquier momento nos estrellaremos contra el suelo. Estas son mis últimas palabras. Haré de esta carta un avión de papel y lo lanzaré por el cielo, para que cuando este avión se estrelle y mi cuerpo hecho pedazos suspire su último aliento, el viento la guíe hasta depositarla en sus manos.

Ángel Rama, 27 de noviembre de 1983.

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